pub-6905228906291780 DeAndre Hopkins y su madre, una visión de superación
  • Rodrigo De Flón

DeAndre Hopkins y su madre, una visión de superación

Actualizado: 18 de oct de 2019

En la semana 2 de la presente temporada, los Texans jugaron su primer partido de locales en casi 8 meses, la expectativa era alta, pues Houston cuenta con un equipo plagado de talento en las tres facetas del juego. Pero hay una persona en especial que vive el partido desde otra perspectiva.

Se trata de Sabrina Greenlee, madre del receptor estrella DeAndre Hopkins quien perdió la vista hace 17 años, toma su lugar de siempre en el estadio, ubicado en la primera fila, a pocos metros de la zona de anotación y junto a ella se encuentran sus hijas, Kesha la mayor y Shanterria la menor.

El alarido en el estadio es ensordecedor, los jugadores se preparan para salir al campo y Sabrina sabe que su hijo siempre es el último en salir, Kesha le relata lo que sucede en el emparrillado y cuando el sonido local menciona el nombre de DeAndre ella es la más emocionada, no puede verlo, pero sabe que está ahí.

Durante el partido, sus hijas son las encargadas en relatarle todos los acontecimientos del mismo, en especial lo que hace Hopkins, le describen la equipación que lleva en ese momento y sus movimientos para que ella pueda crear las imágenes en su cabeza.

Al final del día, los Texans lograron alzarse con la victoria con un DeAndre protagonistas aunque no pudo hacerse sentir en el marcador, Sabrina mencionó "Yo nunca he sido el típico modelo a seguir como madre y el aún así me respeta lo suficiente para que todos vean cuando me obsequia el balón después de una anotación. Ese balón simboliza mucho más de lo que las personas pueden entender."

Basado en la historia de Mina Kimes, reportera sinior de ESPN.

DeAndre Hopkins tuvo una infancia muy difícil, su padre falleció en un accidente automovilístico cuando él era sólo un bebé y su madre tuvo que fungir los dos roles a la edad de 23 años, sin saber realmente lo que haría para sacar adelante a su familia por su cuenta.

Cuando Hopkins era un niño, sus manos comenzaron a desarrollarse más rápido que el resto de su cuerpo, su hermana Kesha decía que era algo impresionante y a la edad de 8 años comenzó a jugar en una liga infantil, su primer rol fue como apoyador, pero al poco tiempo encontró su posición ideal, receptor. La gente comenzó a decirle que era especial y que lograría grandes cosas.

Sabrina tenía dos trabajos, por la mañana trabajaba en una planta de autopartes y por la noche como bailarina exótica, ella sabía que debía sacar adelante a su familia de una forma u otra. Sin embargo, trató de conseguir pareja, pero siempre hubo una constante, los hombres que elegía abusaban físicamente de ella.

Un día Greenlee se despertó y se percató que su auto no estaba, dedujo que su su novio en ese entonces lo había tomado prestado así que decidió ir a su casa. Cuando llegó él le confesó que efectivamente lo había tomado y comenzó a disculparse, de pronto, una mujer salió de la casa con un balde y arrojó el líquido directo al rostro de Sabrina.

Ella describe que sintió agua hirviendo, pero cuando se dio cuenta de que algunos pedazos de piel comenzaban a desprenderse de su cara y espalda sabía que era algo más, el líquido era un tipo de ácido hecho en casa el cual provocó que su vista se nublara y varias quemaduras severas.

Cuando Greenlee llegó al hospital le informaron a su madre de su situación, colocaron a Sabrina en una especie de coma para realizarle el tratamiento, lo que quedaba ahora era esperar.

DeAndre recuerda que en ese momento sintió una sensación horrible, a pesar de tener sólo 10 años sabía que la situación era crítica y no sabía que es lo que le deparaba si también perdía a su madre.

Luego de unos días, Sabrina recobró el conocimiento más no la vista, cuenta que al regresar a casa pudo notar que una de sus hijas se apartó al igual que Hopkins por el terror que les provocó ver los ojos y las cicatrices de su madre. DeAndre dice que fue como haber visto un fantasma y que esperaba que todo fuera un sueño.

La vida de Greenlee había cambiado por completo, de ser una madre soltera a tener que hacerlo sin uno de los sentidos más preciados. Ella cuenta que logró caminar en su casa sin la necesidad de un bastón, sin embargo el salir adelante fue el reto más grande de toda su vida.

Luego de perder la vista, Sabrina no pudo conservar sus trabajos y la única forma viable para ella de conseguir dinero era vender droga en su propia casa, esperando en la cocina con Kesha a que algún extraño tocara la puerta en medio de la noche para compar producto.

DeAndre, quien ya era un adolescente menciona que él sabía que las personas que llamaban a la puerta durante la noche no eran familiares ni conocidos así que poco a poco fue intuyendo lo que pasaba en realidad.

Para Hopkins la situación era difícil, pues a muy temprana edad sabía que él debía cuidar de las personas que amaba así que le puso un gran empeño al fútbol americano con la esperanza de cambiar el destino de su familia.

Lo que más lo acongojaba era que su madre no fuera a sus partidos, esto debido a que ella sentía que la gente murmuraría sobre su condición y que el no poder ver a su hijo terminaría por romperla.

Hasta que un día decidió que era hora de salir de la seguridad de su casa y hacer algo por ella misma y su familia, fue al juego de Hopkins, con sus hijas como sus relatoras, fue ahí donde la vida de ella y su familia dio un giro motivante.

DeAndre continuó sorprendiendo a todos por su gran habilidad y llamó la atención de varios reclutadores en el país, sin embargo el decidió asisitir a Clemson, la universidad de su ciudad natal, convenciendo a todos de que la razón de su decisión no era su madre, pero Kesha sabía que mentía.

Hopkins despuntó como una super estrella en sus años de colegial y fue seleccionado en la primera ronda del Draft del 2013 por los Houston Texans, para ese entonces su madre ya era independiente, podía realizar varias tareas de la casa ayudada por tecnologías como Siri y Alexa.

Hoy, DeAndre Hopkins es el mejor receptor de la NFL y gana poco más de $16M al año, cuenta que su madre es la razón de todos sus logros y que durante los partidos, si suelta un balón siente que la ha decepcionado, es por eso que se exige al máximo en cada jugada.

El ritual de sus anotaciones es darle el balón a su madre que se encuentra en la primera fila, argumentando que quiere que el mundo la vea ya que ella no puede verlo haciendo lo que más ama.

Hoy en día Sabrina tiene una fundación en la que ayudan a personas que hayan sufrido de violencia doméstica, sirviendo como el crudo ejemplo de que se puede salir adelante, si se tiene esperanza en que todo mejorará.